Vuelta a los orígenes

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La última vez que escribí en un blog propio fue hace 8 años. Para entonces ya era algo bastante obsoleto, habida cuenta que las redes sociales cada vez ponían más alta la valla para compartir contenido ajeno a ellas.

Este blog va a ser un experimento. Lo más probable es que lo actualice de pascuas a ramos, escribiendo solo cuando esté aburrido de escribir en cualquier otro lado. Además, lo he diseñado para que la interacción directa sea mínima: No se puede comentar, no hay un formulario de contacto; para eso tenemos, de nuevo, las redes sociales: podéis comentar ahí, conmigo o sin mí.

Y teniendo en cuenta que no parece que esté muy motivado… ¿Por qué, pues, decido abrirlo de nuevo? Porque ya no me siento a gusto escribiendo en Facebook, que era la plataforma que había reemplazado el blog.

Una cuestión de censura

Mis amigos – y algunos que no tanto – ya saben que tiendo a no andarme con tapujos. No soy fan del doublespeak y si necesito mentarle la madre a alguien, lo hago. Por esa misma razón, la mayoría de mis interacciones ocurren a través de Facebook: Al contrario que pasa con Twitter, en Facebook puedo controlar quien ve lo que escribo, lo que me permite ser todo lo soez que quiera cuando escribo para mis amigos y cortarme más cuando escribo en público.

Desgraciadamente esto ya no es suficiente. Facebook, acojonado por la proliferación de los conspiranoicos, altrights y otros energúmenos en su plataforma, ha empezado a hilar mucho más fino con los posts, escondiendo posts (y “multando” al usuario) si estos contienen material susceptible de causarle problemas.

Esto no me resulta problemático, si no fuese por que Facebook ha dejado esto en manos de un algoritmo que simplemente censura entradas por palabras clave, o imágenes, sin tener en cuenta el contexto o la intención.

El resultado es que yo puedo hablar de, por ejemplo, “forzar el melocotón de esa desvanecida prepúber” pero no puedo decir “los putos violadores de niñas”. Y es algo que la gente que está fomentando estos discursos ya sabe bien, y por eso precisamente son muy creativos a la hora de evitar el uso de palabras clave, creando su propia parla para burlar la censura.

Y al final, el que no se siente seguro de escribir en la plataforma, soy yo. Y teniendo en cuenta que dependo de Facebook para otros servicios, que de momento no puedo permitirme sustituir, el resultado final es que ya no me siento confortable interactuando en esa plataforma.

Una cuestión de contenido

Twitter ha sido mi gran sorpresa: una plataforma que no me llamaba nada la atención precisamente por la falta de control del mensaje, resulta que se autorregula mejor que Facebook (no porque no existan los fachas, sino porque no tienes porque interactuar con ellos, y no suelen interactuar contigo). Y sobre todo y más importante, mi muro está lleno de contenido original: discusiones, hilos, gente con ideas; vamos, todo lo que ha perdido la otra plataforma.

Y más importante aún, si mantienes la educación, en general la gente es más conductiva al dialogo; algo que, de nuevo, echo de menos en Facebook.

El problema, ay, son los malditos 250 caracteres, y (sobre todo) la imposibilidad de editar. Escribir un hilo largo es posible (y lo he hecho más de una vez) pero realmente no es algo para lo que esté pensada, y me gustaría un lugar donde pudiese hacer mis “reflexiones” con menos limitaciones.

Ruta circular

Así pues, si todo va como espero, encontraréis un batiburrillo absoluto de temas que me hayan llamado la atención y necesite resumir o anotar en algún lado para futura referencia. En mi blog anterior hablaba de música, videojuegos, programación y política. En este probablemente haya más de lo mismo, y un poco más. O puede que este sea el primer y último post. El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, bienvenidos, pasen y vayan tomando asiento, que el viaje no ha hecho más que empezar.